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Domingo 7. Rumbo a Ezeiza y llegada a Galicia.
10:15 aprox. Subimos en el auto de Randazzo. Había un embotellamiento pues ocurrió un accidente de moto, y falleció alguien. Día lindo, un poco soleado, a orillas de la carretera, gente de domingo con niños y los enseres característicos.
Tristeza inmensa por irme de Buenos Aires. Facturé rápido la maleta, y pude tomar un café con Gerardo, que cuadró sus cosas para hoy, supongo haya podido comprar su maleta. El viaje lo hice sentada al lado de una señora uruguaya muy parecida, -aunque más vital, a la de la película Whisky. Su jefe, antes de jubilarse la invitaba a un viaje a Europa. Pudo contarme su vida. Viuda a los 20 años, crió a sus tres hijos sola, tiene un nieto y aún trabaja en ese hotel para alemanes, un petit hotel exclusivo para amigos del dueño que ahora la espera  en Zurich.  Vi una película Nicole Kidman sobre Grace Kelly, quien fue, -no lo sabía, “Grace de Mónaco”, princesa célebre y controvertida.
Ya sentí la diferencia del trato de mano de los azafatos. Al llegar a Madrid, por suerte ya que era muy temprano, pude enganchar el vuelo, no obstante al subir me advirtieron de que mi maleta no iría sino con retraso, que al llegar a A Coruña si no estaba me la llevarían a casa. Cuando llego, en efecto, no estaba la maleta y al ir a hacer el parte me confundo de lugar y me veo bajo la reprimenda de una empleada del aeropuerto, y otra de la misma Cía Iberia quien me hacía el parte. Me rebelé ante la grosería, y fue peor. Aún estoy esperando la maleta, que ya me han confirmado llega rota, y hasta me proporcionarán una nueva.  Discuto con el taxista, que me quiere cobrar nada menos que 70€ por llegar a Sigüieiro, al final acordamos 55€. Me lleva por Santa Comba, un camino según él más rápido, hay un atasco involuntario y se enfada cuando le pido que pare el taxímetro. Estos tipos le quitan a uno las ganas de todo. Me pregunto qué hacemos nosotros aquí… luego de vivir lo vivido. Cuando voy al banco, me dice el cajero muy amable que no se puede rescatar el recibo de la Seguridad social. Cuando llego a casa, llamo y me dicen que he perdido la bonificación y en lugar de pagar 53€, la suma ascenderá a 314,21€; y que me la pasarán en un par de meses. Monto en cólera, en medio de las llamadas al servicio de atención al cliente de Iberia, por el asunto de la maleta. Veo el silencio sepulcral, a los tontos que juegan al golf, a la vecina que cuando me bajo del taxi, no solo no saluda sino que cierra la puerta que estaba abierta. Antes había sacado las cartas facturas del buzón, veo que tengo un atraso en Adeslas, casi de un año, y me siento desfallecer, me quiero ir a Cuba, a hacer temporadas en Buenos Aires. Quiero dejarlo todo. Pero bueno, mando unos emails, me ducho, siento que estoy muy cansada y que ante el contraste no puedo tomar decisiones apresuradas. Me levanto mejor, me pongo a ordenar y limpiar, y ahora enviaré un par de correos de trabajo, porque en definitivas cuentas, aquí hay cosas para aprovechar, y es lo que hemos podido construir. Iremos a América, pero algo le sacaremos de provecho, a estos veinte años de ausencia.

Fin.

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