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En Lavacolla, con las mujeres del rural gallego. Gira SGAE Actúa.

 

En vísperas de la Fiesta de San Juan ofrecimos un concierto a las seis de la tarde para mujeres del rural gallego  en Lavacolla (SCQ), parroquia que da nombre al aeropuerto internacional de Santiago de Compostela.  También, la entrada histórica para los peregrinos del Camino Francés.

Después de atravesar explanadas donde los grelos, las acelgas y coles seden su puesto al maíz que en esta zona indica la llegada del verano, entramos en una casa (Sede del Centro socio cultural de Lavacolla) destinada a que las mujeres campesinas  de la comarca puedan hacer lo que les plazca. No lo que les está mandado por tradición, no como antes cuando los lavadeiros eran el único lugar donde podían ser ellas mismas.

Aquí dibujan, -y cómo lo hacen estas artesanas artistas, conversan, leen, planifican el mundo a su imagen y semejanza; y están organizando una Asociación cultural femenina para dar rienda suelta a sus sueños espirituales.

No fueron todas las que asistieron a la invitación del Concello de Santiago quien  les preparó un concierto a su medida, pues preparaban la festividad de San Juan. El espectáculo consistía en canciones creadas  a partir de poemas de Julio Cortazar, un eminente narrador argentino para ellas desconocido.

Qué lindo fue poderlo presentar, como a un nuevo amigo.

Cuando les conté que la canción “Aftermath” (Secuela, consecuencias); había nacido en una romería de Poulo, una aldea de Ordes, no se asombraron. Ellas saben que viven en un lugar lleno de magia, que cualquier situación por inesperada que sea, puede suceder para bien o para mal.

“Bolero”, Yo tuve un hermano”, Cinco últimos poemas para Cris” (que hizo erizar a María, una de las jóvenes coordinadoras); junto con  las imágenes de Iván Suárez que ilustran el proyecto Julio Cortázar Songs, crearon un diálogo sugerente.

Apreciada tarde estival, donde terminamos añorando un fado (Y qué coincidencia que en el libro póstumo “Papeles inesperados” el autor publicó un poema dedicado al género portugués). Luego un regalo para mí: un jabón perfumado, dibujado a la antigua usanza por ellas, me hizo recordar el misteriosos chivorrover de mi abuela Mercedes López, a quien le dediqué una canción aún inédita titulada “La siesta del final”.

Insisto en que la música debe llegar a estos lugares remotos. Los autores y autoras, los creadores y creadoras nos nutrimos más, encontramos que  el público se encuentra en estos espacios donde recibimos otro tipo de respuesta,  acaso por ser insospechada.

Viela.

//Julio Cortázar.

Por qué una vieja canción cantada por cualquiera

que tenga en la garganta como una sal de tiempo

y esa manera de decir que es siempre despedida o conjuro,

ha de llenarme el pecho con humo de desgracia,

entrarme a la región de la más dulce remembranza,

viendo caer uno a uno los muñecos del presente,

abrirse puertas en mitad de las paredes que aprisionan el día,

cortar los lazos verdes que me fijan a mi nombre y a mis ritos.

Oh fado, canto inútil, sortilegio inútil,

operación de un orden en que alientan los sueños, las estatuas,

las plazas por la noche, las bebidas más blancas, las mujeres,

el cigarro clavado entre los labios, la renuncia al mañana, el vómito final

que nos lava de esa verdad demasiado frágil,

nos devuelve a una cama donde esperan atentas las hermanas de la misericordia,

los agentes de la honradez y el pundonor,

los aliados del poder judicial de cada día dánoslo hoy,

buen muchacho, trabaja que es un gusto.

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Julio Cortázar songs en Aspanaes. SGAE Actúa.

 

Comenzamos las presentaciones de Julio Cortázar Songs dentro del Ciclo SGAE Actúa. Una serie de 9 conciertos patrocinados por la Fundación SGAE, después de un proceso de selección para socios que quisiéramos interpretar nuestra música en lugares no habituales, para públicos diferentes.

A mí me tocó en AspanaesServicio de Atención diurna terapéutica, al que acuden personas adultas con trastornos del espectro autista, donde desarrollan actividades relacionadas con la inclusión en la comunidad, el ocio, la estimulación cognitiva o la musicoterapia.

Nunca percibí hasta ahora, -durante mis 20 años de música sobre los escenarios; que se me dispensara igual atención. Sentía cómo en la medida que cantaba las canciones del repertorio de Julio Cortázar, se dejaban llevar, se iban conectando, escuchaban atentamente sin prejuicio alguno.

Eso noté, no había pre-concepto,  y se les veía felices en sus gestos, acciones físicas que iban desde aplaudir en cualquier momento, emitir pequeños sonidos,  o salir a bailar como lo hicieron con el tema “Bolero”.

Evidencié  que  les gustaba el sonido de la guitarra, conectaban con las intrépidas armonías del filin, y las imágenes de los poemas de Julio Cortázar hechos canción, les estimulaban al punto de terminar cada una con un rotundo aplauso.

Para mi asombro, se dejaron arrullar por “Los amantes”, y se les veía amacarse, mirarse por   sobre las imágenes que vislumbraban. Me deleité susurrándoles:  “el tigre es un jardín que juega”, entre otros versos.

Para finalizar, terminamos bailando con “La  guajira Guantanamera”. Para sus profesores, -los cuidadores que los conocen como nadie y se les nota el candor del alma; fue una mañana espléndida. El sol se iba filtrando por las ventanas y junto con él se entregaron a las danzas, hubo muchas risas, libertad en un concierto que en otras ocasiones y por otros públicos ha sido tomado como un hecho demasiado “intelectual”, en el peor sentido.

Percibí sensibilidad musical, en el  sentido exacto de la palabra. Ellos comprendían y disfrutaban el todo: la cantante con su voz, la guitarra con su melodía y su ritmo, y escucharon  atentamente esa conjunción.

No por gusto Julio Cortázar eligió un manicomio como el escenario final de su novela Rayuela. Lo contrapuso con todo respeto y sentido del humor con la realidad maniatada de afuera. Le hizo un homenaje a Don Ceferino Piriz, -quien quería cambiar el mundo. Cortázar  construyó una gran ventana final, desde donde Horacio Oliveira miraba a Talita y jugaba a la rayuela tirándole puchos de cigarrillo y nunca sabremos si jugándose él también la vida.