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Centro de menores, Camina en A Coruña. SGAE Actúa.

Cualquier día puede comenzar nublado, incluso con esa sensación de frío penetrante; y al cabo de unas horas transformarse en uno soleado de verano. Los verdes del camino resplandecen salpicados por las tantas flores que la primavera trajo.

Así sucedió hoy en el Centro para menores “Camina”, en A Coruña;  y creo que el concierto Julio Cortázar Songs determinó que nuestra percepción de un día que iba para  gris, se modificara.

Ya desde la semana ante pasada, cuando conocimos el lugar y hablamos con la encargada de actividades, pudimos ilusionarnos con que los chicos, -como les llaman ellos a los adolescentes y jóvenes con problemas de conducta que residen allí; se conectarían con las canciones de un tal Julio Cortázar, interpretadas por Jamila Purofilin; a quien tampoco conocían.

En la entrada del edificio donde viven, un mural realizado por ellos, nada menos que una réplica de El  Guernica de Pablo Picasso, y algunos cuadros naif con colores intensos, hacían de ese espacio  el lugar idóneo para que poesía y música se unieran a las imágenes.

Volví a sentir la emoción de cantar para conmover al otro, para mostrarle mi modo de ver el mundo, mis deseos de que este mundo sea menos duro para todos nosotros. Y ellos me devolvieron con sus silencios, su expectación, sus gestos mínimos y también palmas y aplausos, esa comunicación que dibuja un cuento particular, durante la sesión de unos 40 minutos.

A la vez, poderlos invitar a cantar; uno de ellos solícito interpretó a cappella una bachata que hablaba de desamor y amor a la vez. Luego vino aquella canción de Antonio Flores  en la voz dulce y colorida de una chica decidida, acompañada a la guitarra por unos acordes mínimos llenos de sentimiento.

Agradezco a la Fundación SGAE esta magnífica idea, a los anfitriones que con total delicadeza y tino prepararon las condiciones para que ese público joven nos recibiera y disfrutara con las mejores condiciones de que disponíamos de un recital fuera de lo habitual, pero no por ello menos cálido y estimulante.

Al final, cuando canté La Patria y les dije que soy de un pueblo llamado Seiba del Agua; situado en Artemisa, Cuba. Aproveché el estribillo para estimularlos en su nuevo camino: “porque el ayer es nunca y el mañana, mañana”, como dijera Cortázar.

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